
Cuando llego a Buenos Aires, es como regresar a mi otra casa. Allí tengo a mi gran familia por vía materna, los Argibay, que siempre me esperan con tanto cariño. Además están los muchos años que he vivido en esta ciudad única y de tener un ceibo mío en Villa Crespo.En cuanto supieron mi llegada, organizaron un gran asado y allí estaban casi todos. Los otros se fueron hace tiempo al largo viaje. El encuentro fue en Pilar, en la hermosa casa de Pirucha. Nuestros encuentros no son muy frecuentes, pero nuestra sangre se quiere y cada vez que nos vemos, lo disfrutamos mucho.
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Una va por el mundo llevando en su pecho el pueblo que le vio nacer. Vive como dormido en ti, pero se despierta en cada recuerdo. Así me pasa a mí con
Angeles Ruibal – «Esta canción fue grabada cuando ejercía de «Juglar«. Recorría los pueblos de España cantando, también para las gentes del campo y sus niños yunteros. Más de una vez, nos emocionamos juntos. En una ocasión, nos dieron un regalo en Valdepeñas. Un generoso cosechero, nos trajo dos cajas de vino, blanco y tinto. ¡Ay la buena gente de los campos…!!
En 1975 vino Héctor Alterio con su familia a nuestra casa de Madrid. Los habíamos invitado a comer unas tortillas. «Ángeles, me dijeron que eres la mejor tortillera de Madrid«, me dijo Alterio apenas entró, con el doble sentido argentino de la frase y una gran sonrisa. Hacía muy poco tiempo que habían llegado de Argentina, colmados de sueños y esperanzas. En poco tiempo, aquí también adquirió gran fama. Ahora mismo son sus hijos Malena y Ernesto Alterio quienes no se quedan atrás. Su mujer, la psicoanalista Ángela Babaicoa, miembro fundadora de “Espacio Abierto” de Madrid, es la directora de la Asociación Maud Mannoni. Un ser extraordinario que luchó contra viento y marea para que esta particular familia triunfara.
En 2013 llegó a mis manos un libro muy interesante, «Atahualpa Yupanqui, Asuntos del Alma«, escrito por 