Angeles Ruibal – Conocí a Elena, hija del genial pintor Manuel Colmeiro, en mi primer viaje a Madrid, allá por 1962. Me presentaron mi cuñado Agustín Pérez Bellas y mi hermana Mercedes Ruibal. La verdad es que íbamos hacia Sevilla, pero surgieron avatares que nos hicieron quedar en la capital de España. Estuvimos viviendo en casa de Elena y su marido, el escultor Jesús Valverde, unos quince días. Los cuatro eran muy amigos. Mi hermana la conoció en Buenos Aires y Jesús era amigo de Agustín. Elena estaba en Galícia veraneando con sus hijos. Tuve el honor de contemplar sus primeras cerámicas en su casa-estudio de la calle Fuencarral. Al regresar a Galicia la conocí en un chalet de La Ramallosa, entre Vigo y Bayona. Un encanto de mujer. Sensible y sencilla. En esta primavera del 2014 comprobé en el museo pontevedrés que sigue siendo igual.Y eso que obtuvo todos los premios y éxitos posibles.
Juntas hemos recorrido España y parte de Argentina cantando a mis poetas preferidos, desde que ella tenía apenas dos años. Al comenzar el espectáculo,
Angeles Ruibal – «Bien cerca que nacimos, solo que con unos siglos de diferencia! . Y como los gallegos somos así, nos lo tuvimos bien callados. Siempre lo escuche decir a mi
Recorriendo el camino de mi vida, llegué al tiempo donde me dedicaba a enseñar música a niños y niñas de tres años en adelante y a los que tenían problemas de todo tipo. Los sábados de mañana llegaban felices a mi casa-estudio, en la Calle Aguirre, 171 en Villa Crespo, Buenos Aires, para estudiar flauta dulce, órgano y cantar canciones divertidas. Algunas madres me decían que en la semana les costaba mucho levantar a sus hijos de la cama, pero el sábado, ellos se levantaban solos para venir conmigo. Verónica, que nunca quería ir al colegio, los sábados decía a su mamá que tenía que apurarse para ir a música con Ángeles. Ella padece el síndrome de Down
Angeles Ruibal – En 1963 me marché de Galicia a estudiar música y canto a Madrid. Al principio me fui a vivir a casa de mi hermano José Ruibal y mi cuñada Consuelo. Ella estaba esperando un bebé y ese acontecimiento me hizo mucha ilusión. Extrañaba tanto a mi querida hija Graciela, que había quedado con su abuela Yoya, que cuando nació Federico, le daba todos los besos del mundo cuando no me veía nadie. Así descargaba mi sentimiento maternal. Al pequeño Fede solía cantarle canciones populares para que durmiera, pero su canción preferida era El Alazán de Atahualpa Yupanqui y Pablo del Cerro (su mujer en realidad) y así lo conseguía. Al año y pocos meses nació su dulce hermanita Ana y se quedaban a mi cuidado los fines de semana, mientras sus padres salían por los madriles y yo feliz. Me encantaba hacer de mamá. Otras veces se quedaban con sus abuelos Consuelo y Luis Vázquez de Parga y yo los extrañaba.
Angeles Ruibal – «Salí el sábado 3 de setiembre 2016 de Cangas hacia Pontevedra cargada de ilusión. Allí me esperaban mi hermana 
