Angeles Ruibal – Mis encuentros musicales con niños especiales

Recorriendo el camino de mi vida, llegué al tiempo donde me dedicaba a enseñar música a niños y niñas de tres años en adelante y a los que tenían problemas de todo tipo. Los sábados de mañana llegaban felices a mi casa-estudio, en la Calle Aguirre, 171 en Villa Crespo, Buenos Aires, para estudiar flauta dulce, órgano y cantar canciones divertidas. Algunas madres me decían que en la semana les costaba mucho levantar a sus hijos de la cama, pero el sábado, ellos se levantaban solos para venir conmigo. Verónica, que nunca quería ir al colegio, los sábados decía a su mamá que tenía que apurarse para ir a música con Ángeles. Ella padece el síndrome de Down

Angeles Ruibal – Al sistema musical con colores lo inventamos con Sergio Aschero

A los alumnos les enseñaba a leer melodías con un sistema de escritura musical a través de colores y formas. Lo habíamos inventado Sergio Aschero y yo. Para que tocaran con una buena digitación y al mismo tiempo trabajarles la motricidad, les ponía en sus uñas pegatinas con los color correspondientes de la obra que iban a tocar. El piano y la flauta dulce, también tenían los mismos colores en sus teclas y orificios. Solo tenían que leer la «partitura» de colores y mover el dedo correspondiente. De esta forma se producía «el milagro» y gozaban de la música.

Algunas obras se las presentaba con dibujos hechos con papeles de colores pegados para que fueran más atractivas, siempre representando algún motivo de la canción. Este es el caso de  Bercause (Canción de cuna) de Brahms. Viviendo en España, de las revistas de los grandes almacenes de Madrid, una tijera, pegamento y mucha paciencia, salían las ilustraciones.

Angeles Ruibal – Y así nacieron unos personajes… Sonocolores

También inventé unos personajes que llamamos Sonocolores. Con ellos los alumnos creaban su propia música. Primero los pintaban, los recortaban y los iban colocando en un tablero de corcho y la interpretaban, si no les gustaba el resultado, los cambiaban de lugar hasta quedar complacidos con la música creada. Los tenían en su cuarto como un juguete más.

Angeles Ruibal – Mis niños especiales tienen nombre. Les hablaré de Mariana

Mariana acudió a mis clases con 8 años y muchos problemas de madurez. Fue mi primera alumna discapacitada. Le dije a su madre que me la dejara un mes de prueba y quedo conmigo todo el tiempo que me dediqué a dar clases, en total, 10 años. El psicólogo le decía a su madre. «Si llueve que no vaya al colegio, pero a lo de Ángeles que no falte nunca». Luego el psicólogo me quiso conocer y le pasé algunos de mis secretos. A parte de su retraso, Mariana no controlaba su fuerza y al llegar a clase, me abrazaba y se agarraba tan fuerte a mi pelo que me duraba el dolor de cabeza varios días. Hoy hace artesanía y ayuda en los trabajos de la casa sin romper ni un vaso, tiene 49 años y sigue extrañándome. Cada vez que regreso a Buenos Aires y nos vemos me dice «¡Cuánto tardaste!!»

Angeles Ruibal – Javier llegó en Taxi, el que conducía su papá

Javier era un niño de 4 años al cual le enseñé a hablar y caminar. Su padre era taxista y solía traerme a casa cuando salía de la Escuela de Arte Dramático de Buenos Aires, donde daba clase de foniatría a través del canto a los futuros actores una vez por semana. Yo le conté lo que hacía con los niños discapacitados y quiso que conociera a su hijo, diciendo que le habían diagnosticado autismo. Yo descubrí que no era así, el niño se mecía porque sus padres lo tenían siempre en brazos y lo acunaban constantemente, cuando el niño estaba sentado, seguía meciéndose. Conmigo dejó de hacerlo.

Javier no hablaba, solo repetía dos vocales con voz chillona, i, a, i, a, i, a, y no caminaba. En realidad, cuando llegó a mi estudio, no sabía por donde empezar a trabajar con él. Su padre me había dicho que reconocía todos los número del taxímetro y eso me dio una idea, si reconocía los números, también reconocería las letras. En las primeras clases comencé a recortar vocales grandes de revistas que pronto él me ayudó a buscar y las iba pronunciando una y otra vez, diciendo una frase divertida de cada una, hasta que logré que las dijera conmigo. Luego fui formando sílabas y después palabras junto con el dibujo correspondiente (Vaso con agua) y así fui enseñándole cada cosa.

Angeles Ruibal – Los padres agradecidos son el mejor pago recibido

No puedo olvidar el día que su madre Silvia me abrazó llorando de emoción diciendo que su hijo le había pedido agua y le llamaba mamá. También pasó de arrastrarse por el suelo, a correr a toda velocidad por el parque, tanto que a ella le costaba alcanzarlo. Pero antes hubo un duro trabajo. Para que se levantara para caminar, le ponía juguetes en un estante que partía del suelo hasta dos metro hacia arriba y le pedía que me los diera. Lo hacía con mi ayuda. Cada tanto se los ponía mas altos hasta que después de muchas caídas llegó a ponerse solo de pie. También lo hacía andar aferrado a mis manos y así fue como logré que caminara y hablara. Lo hicimos por medio de juegos que iba inventando en cada uno de nuestros encuentros durante dos años, desde 1986 a 1988. Fue tan maravilloso este trabajo qué, aunque no tenía nada que ver con la música, me dio mucha satisfacción realizarlo.

Angeles Ruibal – Con el Sistema en marcha… nos contrató el Ministerio de Educación y Ciencias de España

En 1988 volví a España contratada por el Ministerio de Educación y Ciencia, para dar cursos de música a profesores y maestros. Me convertí en educadora de educadores por un tiempo. El Ministerio también nos publicó varios libros con el nuevo sistema de escritura musical para niños, donde hay publicadas muchas canciones tradicionales infantiles y 45 con letra y música mía. Volví a la Argentina 7 años después.

Angeles Ruibal – También dimos cursos en Italia: Vicenza, Asís…

En un curso realizado en Vicenza, Italia, di clases a alumnos con diferentes problemas. Un «chico» de 35 años, estaba en silla de ruedas. Además de tener retraso mental, tenía sus brazos retorcidos ante su pecho. Logré estirárselos y mover cuatro dedos de una mano y un dedo de la otra para tocar al piano el Himno de la alegría de Beethoven. Los traumatólogos del centro me dijeron que había logrado yo más en 10 clases, compartidas con otros chicos, que ellos en 30 años. ¿Cómo lo hice? No lo sé! Cada alumno requería una enseñanza diferente y yo se la encontraba.

Angeles Ruibal – Y estaban los alumnos que iniciaban sus caminos estelares…

También asistían a mis clases niños que no tenían ningún trauma o retraso y sí mucho talento. Entre esos alumnos, estaba Georgina Hassan, tenía doce años y hoy es una maravillosa cantante, compositora y poeta. Ella eligió tocar la guitarra y cantar las canciones de María Elena Walsh en nuestras clases. Hoy canta sus propias canciones y las del mundo entero maravillosamente. Aquí estamos las dos interpretando La zambita perdida de mi CD Así siento a Yupanqui que se publicó y presentó en 2012 en Argentina y según el diario Página 12 quedó clasificado como uno de los diez mejores discos de folklore argentino de ese año. Un placer inigualable!!

Angeles Ruibal – Pontevedra – Galicia – España


3 Responses to Angeles Ruibal – Mis encuentros musicales con niños especiales

  1. Adriana Válor says:

    Una historia exquisita trabajando con niños donde solo el amor, la dedicación, el talento, la ternura y una profundidad de vocación, mezcla de entrega y sentimientos, pueden lograr maravillas en seres que necesitan de toda la transmisión de conocimientos y entusiasmo!!! Felicitaciones!!!

  2. Sorprendente el trabajo de Ángeles con los niños y no tan niños, hace falta una sensibilidad especial y mucha paciencia para crear un entorno único y diferente para trabajar. Mi enhorabuena a la Ángeles artista, educadora, madre, inspiradora, creativa y amiga.

  3. Angeles es única! Además de su excelencia como artista, su ser tan cosmopolita, tan plástico y tan integrada y adaptada a diferentes culturas y lugares, también es un excelente ser humano, que ha ayudado dando oportunidades a los que no la tenían, para hacerlos crecer. Una líder social, también!
    Vida intensa y productiva si las hay