
José Ruibal Castro, mi padre, fue mi mejor maestro. Me hacía feliz cada instante que compartíamos. Él me enseñó a tener amor por la poesía y la música. Cantábamos juntos fragmentos de zarzuelas, interpretábamos Don Juan Tenorio, me enseñaba versos de Rosalía de Castro, Bécquer, Quevedo… ¡y me decía fragmentos de El Quijote de memoria!. Además también me cantaba la misa en latín. Había estado muchos años estudiando para cura, pero las mujeres le atraían más que los púlpitos y se casó con mi madre, una morenita preciosa.
En Buenos Aires nunca me siento sola. Tengo grandes amigos artistas y cada día hay alguien que actúa… ¡Allá voy con mi aplauso! En 2024 fui a ver una vez más a mi ex alumna Georgina Hassan. La gran sorpresa fue que también estaban sus padres, con los cuales me une una amistad de cincuenta y cinco años. En el encuentro volaron los besos y abrazos sin faltar las palabras de admiración de ambas partes, festejando el reencuentro! Había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. Georgina participó en mi disco
Angeles Ruibal – «Bien cerca que nacimos, solo que con unos siglos de diferencia! . Y como los gallegos somos así, nos lo tuvimos bien callados. Siempre lo escuche decir a mi
La cantante pontevedresa 

Fue a finales de los años sesenta en mi primer recital en el Teatro Rosalía de Castro de Vigo. Allí estaba María do Carme Kruckenberg cómo cronista especializada del
Angeles Ruibal tuvo la oportunidad de charlar con la profesora y escritora argentina Susana Maceira Quinteiro. Estaba presentando la segunda edición de su libro Un mundo que no vi. Al hacerlo surgieron al momento temas y puntos de encuentro. Así hablaron de esas aldeas gallegas donde la una nació y la otra tiene sus raíces. Y esos gallegos que emigraron a Buenos Aires, padres en un caso, abuela en el otro. Y es común también la idea de destacar a la mujer gallega, que ha sabido afrontar las décadas duras del Siglo XX. Lo puso de relieve el