Angeles Ruibal – Las cenas con Facundo Cabral

Mi estadía en Buenos Aires se dividió en varias etapas durante 31 años y cuando estábamos por allí, solíamos frecuentar las reuniones que la bailarina María Fux, madre de Sergio Aschero organizaba en su estudio de la Calle Callao. Así fue que un día nos presentó a Facundo Cabral. Quedamos en seguir viéndonos y poco tiempo después, lo invitamos a nuestra casa de la calle Aguirre 171 en el barrio de Villa Crespo a cenar. Se me ocurrió preparar unas tortillas españolas, porque sabía que a todo el mundo les gustaban, como siguió ocurriendo en España con Héctor Alterio y familia. No solo comimos tortilla, también le preparé croquetas y me las alabó muchísimo. Decía que eran pastelitos. Luego, cada vez que quedábamos, nada de ir a comer por allí, lo hacíamos en casa y con el mismo menú. Para qué variar si el éxito estaba asegurado…

  • Angeles Ruibal “Esas noches con Facundo Cabral”

Cierro los ojos y lo veo a Facundo Cabral con la guitarra en sus manos, cantando sus canciones y contando mil historias inventadas o no, las vicisitudes por las que pasó. Todo lo hacía profundo, no había superficialidad en su pensamiento, su lenguaje místico, cercano a la oración. Siempre terminábamos la reunión guitarreando y cantando los tres sus canciones, las de Atahualpa Yupanqui y las de los poetas que nosotros musicalizamos. Un inolvidable recuerdo!

  • Angeles Ruibal “Reencuentro con Facundo Cabral en Madrid”

Cartel del programa de Oscar Pedro Juliano emitido el 26-7-2017 en Radio Nueva Argentina FM 88.5 y Online – Puede escucharlo pinchando sobre el mismo – Testimonios de Dina Emed y Angeles Ruibal – Evocación de Eduardo Aldiser

Allá por los `80 partió Facundo Cabral para Méjico, desde donde nos mandó una hermosísima postal con palabras maravillosas. A los pocos meses nosotros volvimos a España para cumplir varios compromisos con el Ministerio de Educación para impartir nuestros cursos Sonocolores de música a los maestros y profesores de la enseñanza y dejamos de vernos. Sabíamos de nuestras vidas por lo que salía publicado en ambas orillas, pero sin contacto personal. Hasta que en 1990, viviendo en Madrid, vimos que Facundo Cabral daría un concierto con otro gran artista argentino, muy querido aquí, Alberto Cortés. El espectáculo se llamaba Lo Cortés no quita lo Cabral. Fuimos a verlos y al final de la actuación subimos al escenario para abrazarnos y nos dio mucha pena, en esos 15 años se había quedado ciego, nos decía que solo veía bultos. Pero cuando hablaba detrás de sus oscuras gafas, parecía tener la mirada sagaz de un lince, lo veía todo tan claro y sus palabras seguían siendo muy certeras. Creo que ninguno de los tres pensábamos, al despedirnos, que nunca más nos veríamos, pero así fue. Refleja un poco la historia de los artistas, con nuestras vidas nómadas, que nos hace ir de aquí para allá sin quedarnos quietos en ninguna parte

Querido Facundo Cabral, por si me escuchas allí donde estés, va este Atahualpa Yupanqui como tributo por nuestra amistad. Y vaya si hemos sabido de ese árbol que se quedó esperándonos

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