Angeles Ruibal evoca al guitarrista argentino Jorge Fresno

jorgefresno-guitarristaHoy supe que mi profesor, el guitarrista Jorge Fresno, nos dejó el 28 de diciembre de 2015. Se fue sin su guitarra… esa que tantas veces le vi tocar, acompañando a mi maestra Sofia Noel. La que me acompañaba a mi también para cantar tangos y zambas en el jardín de la calle Jarama, del barrio El Viso de Madrid.  Era la casa de Luis Vázquez de Parga y ocurría en algunas noches de verano, rodeados de familiares y amigos. Los vecinos salían a sus balcones y ventanas para aplaudir nuestra actuación con entusiasmo!

  • Angeles Ruibal «Jorge Fresno, tal como lo recuerdo»

Jorge Fresno nació en el seno de una familia española en Argentina. Siempre me dijo que era un cordobés de La Docta, es decir Córdoba, la capital de la provincia. Desde los 19 años obtuvo premios y medallas importantes por su interpretación de guitarra. En un viaje de Narciso Yepes a Buenos Aires lo vio tocar y apreciando sus extraordinarias condiciones, lo invitó a venir a España a trabajar con él, y así lo hizo. El apoyo incondicional de Yepes le ayudó a crecer. Fresno fue su alumno predilecto y su amistad era tan grande, que duró toda la vida. Fresno adoptó la guitarra de diez cuerdas creada por Yepes y recorrió el mundo dando numerosos conciertos en los mejores teatros y festivales. Perfeccionó sus estudios de música antigua y fue un apasionado por la investigación y divulgación de la obra de los vihuelistas españoles, adaptando la vihuela y el laúd como instrumentos de concierto. Nos dejó su obra en numerosos discos y libros.

  • Angeles Ruibal «Encuentros de Los Juglares con Jorge Fresno»

En 1970, al regresar de nuestro primer viaje desde Argentina, junto con mi compañero Sergio Aschero y mis hijas Graciela Baquero Ruibal e Irene Aschero Ruibal, nos encontrábamos con frecuencia para hacer música, comer, beber y disfrutar de inolvidables momentos. Lo hacíamos junto con María Ignacia Magariño, su compañera y madre de sus preciosas hijas Iria y Alba. Recuerdo su último abrazo en 1991, cuando nos visitó en nuestro Centro Musical de Madrid, acompañado de su hija Iria. Al despedirnos, sus ojos negros me miraron profundamente, como si supieran que ese día sería nuestro último adiós y así fue. Nos queríamos mucho!

Mis queridas Iria y Alba, desde lo más profundo de mi corazón os mando mi consuelo y mi abrazo sincero! ¡Gracias maestro por tus enseñanzas y tu amistad! Y como allá, en Córdoba, debe haber quedado un árbol que nunca te olvidó…

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