Angeles Ruibal y su madre, Aurora Argibay Iglesias

yoya-aurora-argibay-arteMi mamá fue una mujer muy especial en nuestra aldea, San Andrés de Xeve. Los vecinos la recuerdan como la “Madre Teresa” de aquellos tiempos y puede que fuera verdad. A nuestra casa llegaban los más desfavorecidos de los alrededores a comer cada jueves. Se sentaban en unos bancos esperando que ella le llenara sus cuencos del humeante manjar que les había preparado. Durante la semana, los niños de las familias más pobres le venían a pedir pan y frutas que ella nunca les negaba. Y cuando alguien nacía o se moría, todos la buscaban a Aurora para encontrar su colaboración y apoyo.

  • Angeles Ruibal evocando a su madre…

Aurora Argibay Iglesias era del lugar de Sobral y mi padre, José Ruibal Castro de Santa Cruz, pequeñas aldeas o barrios de Xeve. Como era secretario de ayuntamiento en otras ciudades, mi madre miraba desde días antes por la ventana que daba al camino, esperando su deseada llegada. Él había dejado los hábitos por casarse con ella.

  • Recuerdos de Angeles Ruibal

Con nosotros vivía Esperanza, la señora que cuidaba las vacas. Tenía una hija con deficiencias psíquicas. Sus cuñadas la casaron con Manuel Pontevedra, también con cierta discapacidad, “para que no pecara” y como resultado de esa unión nacieron nueve hijos. Mi madre los criaba para que no se murieran de hambre y frío. A algunos de ellos los adoptaron familias conocidas. Los dos últimos, Suso y Charli, se quedaron en casa más tiempo y, cuando crecieron, mi madre los internó en un colegio. Le llamaron siempre “Mamá” y la adoraban. En su velatorio, la lloraron y acompañaron toda la noche.

  • Mi madre Aurora y el cura párroco Don Manuel

Mi madre no iba a misa y sus cuñadas, las beatas del pueblo, se lo reprochaban siempre, a tal punto que le llegaron a decir al párroco don Manuel que le llamara la atención. Así lo hizo desde el púlpito un domingo, pero dijo todo lo contrario a lo que ellas querrían escuchar. “Algunas piensan que Aurora irá al infierno porque no viene a misa, pero Aurora ya tiene el cielo ganado por todo lo que ayuda a los pobres. Muchas podrían dejarse de dar golpes en el pecho para arrepentirse de sus pecados y seguir su ejemplo.” Así les tapó la boca. Con el nombramiento del Papa Francisco, me vino a la memoria esto. Cada vez que Don Manuel se encontraba con mi madre, tenían grandes charlas con mucho respeto de ambas parte y nunca le dijo que era necesario ir a misa para salvar su alma. Mi madre en Navidad y en Pascuas le mandaba el mejor capón y la mejor “cacheira“, que así se llama a una de las partes más preciadas del cerdo en Galicia, su cabeza.

  • Aurora Argibay Iglesias, la pintora Yoya

Cuando cumplió 75 años se le dio por pintar cuadros. Mi hermana Mercedes Ruibal era ya una famosa pintora y ella se pasaba horas viéndola trabajar. Así aprendió a manejar los pinceles, el óleo… y un día, en secreto, comenzó a pintar y escondía sus cuadros en el armario para que no se los viera nadie, pero mi hermana se los descubrió. Fue todo un acontecimiento. Mercedes citó a todos sus amigos artistas y críticos de arte para enseñarle la obra de Yoya y se quedaron asombrados con su pintura naif, llena de vida y ternura.

  • Exposiciones y prenios de Yoya

El 13 de mayo de 1985 presentó su primera exposición en la Sala de Arte CAV en Vigo. El prólogo del catálogo se lo hizo nada menos que el prestigioso escritor Eduardo Blanco Amor. Su pintura fue premiada por la Fundación Barrié de la Maza y el mismo Alcalde de Pontevedra, José Filgueira Valverde, le entregó el premio en el Museo de Pontevedra, aunque a ella le daba verguenza todas esas cosas. Expuso su arte por diferentes ciudades de España, pero lo que más le gustaba, era pintar para sus nietos. Con eso ya era feliz.

Se fue cuando tenia noventa y tres años. Yo estaba a su lado, acariciando su mano inerte y hablándole de las cosas maravillosas que se iba a encontrar. Espero que fuera así… si pudiera le cantaría…

Ángeles Ruibal, Pontevedra, Galicia, España