
La casa de mi abuela materna, Aurora Iglesias Rey, donde crecí, ya no se ve desde la carretera, está tapada con hiedras y arbustos gigantes. Una pequeña selva la cubre. Algo parecido al castillo de La bella durmiente, pero en este caso ni los fantasmas existen allí. Los matorrales impiden el paso a su interior. Ni el Príncipe del cuento se atrevería a meterse en ella. A los 19 años salí de allí junto a mi madre Yoya y mi hija Graciela, su padre estaba trabajando en Francia. Fuimos a vivir a Vigo con mis hermanos Fernando y José Ruibal. Vivíamos cerca de Mercedes Ruibal, una de las hermanas pintoras. La de San Andrés de Xeve era una casa enorme en la que a través de sus ventanas se veía un paisaje único. Por las noches, las luces del lejano puerto de Marín y su Alameda me acercaban al mar. Yo solía cantar desde esas ventanas hacia el valle. Al otro lado del río Lérez, oculto por la vegetación, está el pueblo de Mourente al pie de verdes montañas.
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Angeles Ruibal – «Con gran alegría recibí la noticia de que mi querida amiga
El 5 de Octubre 2018 acudí al Círculo Mercantil de Pontevedra a la presentación del libro Bajo otra mirada de la poeta María del Carmen Gago, publicado por Editorial A Pena D´agua Edicións. Me vine a casa llena de entusiasmo. Me puse a leer el poemario y no paré hasta terminarlo. En él encontré un mundo lleno de sensibilidad y amor. No se puede escribir de esta forma, sin tener un corazón desbordado de ternura. Un corazón que viene latiendo en María del Carmen Gago Florenti desde que nació en Oviedo, Asturias. Ya de pequeña estuvo en Galicia. Primero en Barco de Valdeorras, Provincia de Orense, donde vivió mi hermano Fernando. Desde hace años es vecina nuestra en esta Pontevedra también llamada «La Boa Vila». Es poeta, narradora, dramaturga, conferenciante, crítica de arte y literaria. Y aún más, también es pintora!
Hoy regreso a mi pasado a través de esta foto y recuerdo con mucha ternura aquel momento. Mi hija Irene Aschero bailando para su abuela María Fux en su estudio de entonces, en la calle Ayacucho de Buenos Aires, donde seis años atrás ella fue concebida. Hacía muy poco que habíamos llegado de visita desde España a la Argentina. Lo primero que hizo su abuela fue comprarle una malla de baile azul para que aprendiera a danzar con ella. Después de un año volvimos a Madrid, pero la danza y su abuela se quedaron para siempre en su corazón.

Angeles Ruibal «