Angeles Ruibal vuelve a su San Andrés de Xeve

 

Ángeles Ruibal – Hoy vuelvo a mi infancia, a mis recuerdos en San Andrés de Xeve, a la casa de mis abuelos maternos donde viví desde mi primer año y medio de vida. Cuando mi abuelo Ramón Argibay Casal, partió por culpa de una maldita pulmonía, mi abuela Aurora Iglesias Rey y tres de sus hijas, se fueron para Buenos Aires, Argentina, donde ya vivían cinco hijos varones. Mi madre, Aurora Argibay Iglesias, Yoya, se quedó en la casa familiar con nosotros. En la huerta teníamos muchos árboles y cuando crecí, lo que más me gustaba era subir a las higueras para comer sus higos, hamacarme en sus ramas y cantar.


Angeles Ruibal, la artista de Xeve

Las vecinas me llamaban «artista». Cuando fui creciendo, muchas noches, me asomaba a la ventana de mi cuarto para cantar Noche de ronda u otro bolero. Era la hora romántica y yo, con 13 años, suspiraba por un vecino dos años mayor que no me hacía ni caso. Cuando crecí, era él el que bebía los aires por mi, pero entonces no quise ser su novia. Aún hoy me lo reprocha.

Angeles Ruibal – Un hórreo es como una casa en pequeño

Bajo el hórreo, siendo muy pequeña, tenía «mi casita» donde pasaba horas «cocinando» para mis muñecas. Cada año los Reyes Magos me traían una cocina con su batería y una muñeca de cartón, así eran entonces. Una de ellas me duró muy poco, la olvidé fuera de casa y la lluvia me la destruyó el mismo día de Reyes. Las ollitas me iban desapareciendo poco a poco gracias a la magia de una vecinita. Cuando me quedaba sin ellas, tenía que recurrir a las latas de conservas que me daba mi mamá para cocinar, hasta que volvieran los Reyes ¡Así se ve ahora, abandonada, mi casa familiar!

Angeles Ruibal – El sendero que me marcó mi padre

Mi padre me enseñó a recitar y a amar la poesía y el teatro. Solíamos representar a Don Juan Tenorio. Protagonizaba a Doña Inés, pero lo que más me gustaba era cuando me recitaba de memoria fragmentos de La vida es sueño y la poesía de los grandes poetas. José Ruibal Castro, mi padre, era secretario de ayuntamiento en poblaciones lejanas a nuestra aldea. Podría haber sido un gran cómico, con su buen decir, hacía reír a la gente. En las tabernas, a su alrededor siempre lo escuchaban. Un 15 de mayo partió desde el pueblo orensano de Avión, cuando yo tenía 14 años y medio, pero cada día lo traigo a mi memoria.

Angeles Ruibal – La campesina de Xeve

Al morir mi padre, como no se podía contratar los jornaleros que venían a trabajar, me gradué de campesina y al lado de mi madre, fui sembrando sueños en mi alma al mismo tiempo que lo hacía en los campos. Cada mañana ordeñaba tres vacas. Vendía la leche y los huevos sobrantes a la señora Amelia, la lechera, que con su carro de un solo caballo, llevaba a vender la leche a Pontevedra. También me gustaba ir con las vacas a pastar y mientras comían, yo jugaba a ser artista frente a ellas. Cantaba tangos, boleros, rancheras, cuplés… Ellas eran mi público y, si bien no podían aplaudir, tampoco mugieron contrariadas o hicieron «no» con la cabeza.

Angeles Ruibal – Aprender a hacer de todo es bueno para la vida

Después de mis 14 años mis oficios fueron de labradora, pastora, podadora, hacía el pan, también el vino, segaba trigo, centeno, maíz, limpiaba los montes… ¡Hacía todo lo que haría un hombre que está al frente de una casa con muchas tierras que cuidar! A veces algunas vecinas nos ayudaban en las tareas del campo y hablaban con mi madre para comprometerme con sus hijos. Según ellas, yo era un buen partido. De tanto trabajar en el campo, llegué a tener más fuerza que mis hermanos, ellos no hicieron esos trabajos. José Ruibal, el dramaturgo de la familia, un día quiso mover un ropero en su casa de Madrid y no pudo. Lo moví yo sola mientras él me miraba asombrado desde la puerta del cuarto.

Angeles Ruibal – Toda una MacGyver

Mi mejor hazaña fue cuando levanté las tejas de la casa pequeña. Aunque no vivíamos en ella, estaba cuidada, pero era vieja y aparecieron goteras. Un día me subí al tejado y comencé a levantar y limpiar las tejas, luego las volví a colocar y dejó de caer agua dentro. Se lo había visto hacer a un vecino. Viendo trabajar a los demás, fue cómo aprendí a ser campesina. Era una especie de Angus «Mac» MacGyver, pero no en la televisión sino en mi San Andrés de Xeve. Viendo la chimenea en la foto, recuerdo que también hice de bombero. Un día prendió fuego en ella, saqué unas tejas y me subí al tejado. Con el agua que me pasaba mi madre lo apagamos. A la casa de mi abuela la incendiaron muchos años después porque unos okupas se metieron en ella y molestaban a la vecindad. Yo ya no estaba para volver a ejercer de bombero ¡Esta fue mi hermosa vida en la aldea! Puedo decir como Violeta Parra, gracias a la vida por permitirme gozar con todas esas experiencias inolvidables.

Angeles Ruibal – Como dijo Machado, se hace camino al andar… y es lo que hice!

A los 18 años dejé de trabajar en el campo y me casé. Poco tiempo después me fui con mi pequeña hija Graciela Baquero Ruibal y mi madre a vivir a Vigo, a casa de mi hermano Fernando Ruibal, exitoso empresario. De allí, patrocinada por mis hermanos, me fui a estudiar a Madrid, donde viví con uno de ellos, a quien siempre llamamos Pepe, el periodista, escritor y dramaturgo que nombré más arriba. Así comenzó mi camino por el mundo de la música. Siempre canté a Rosalía, a quien conocí por mi padre….

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Entrevista a Ángeles Ruibal
Pontevedra  Galicia