
La casa de mi abuela materna, Aurora Iglesias Rey, donde crecí, ya no se ve desde la carretera, está tapada con hiedras y arbustos gigantes. Una pequeña selva la cubre. Algo parecido al castillo de La bella durmiente, pero en este caso ni los fantasmas existen allí. Los matorrales impiden el paso a su interior. Ni el Príncipe del cuento se atrevería a meterse en ella. A los 19 años salí de allí junto a mi madre Yoya y mi hija Graciela, su padre estaba trabajando en Francia. Fuimos a vivir a Vigo con mis hermanos Fernando y José Ruibal. Vivíamos cerca de Mercedes Ruibal, una de las hermanas pintoras. La de San Andrés de Xeve era una casa enorme en la que a través de sus ventanas se veía un paisaje único. Por las noches, las luces del lejano puerto de Marín y su Alameda me acercaban al mar. Yo solía cantar desde esas ventanas hacia el valle. Al otro lado del río Lérez, oculto por la vegetación, está el pueblo de Mourente al pie de verdes montañas.
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A principios de los `60, llegué a Madrid. Quería estudiar canto y el primer profesor que tuve fue el Maestro Isidro Maiztegui, gran amigo de mi hermano Pepe Ruibal desde años atrás, cuando se conocieron en Argentina. Nos caímos muy bien desde el primer momento. A él le entusiasmaba mi inquietud por saberlo todo y a mí su forma suave de hablar y su dulce rostro.
Una va por el mundo llevando en su pecho el pueblo que le vio nacer. Vive como dormido en ti, pero se despierta en cada recuerdo. Así me pasa a mí con
Angeles Ruibal – «A mí me apetece mucho recordar a los amigos y compañeros, y en el caso de Marcos Mundstock y los demás integrantes de
En 1975 vino Héctor Alterio con su familia a nuestra casa de Madrid. Los habíamos invitado a comer unas tortillas. «Ángeles, me dijeron que eres la mejor tortillera de Madrid«, me dijo Alterio apenas entró, con el doble sentido argentino de la frase y una gran sonrisa. Hacía muy poco tiempo que habían llegado de Argentina, colmados de sueños y esperanzas. En poco tiempo, aquí también adquirió gran fama. Ahora mismo son sus hijos Malena y Ernesto Alterio quienes no se quedan atrás. Su mujer, la psicoanalista Ángela Babaicoa, miembro fundadora de “Espacio Abierto” de Madrid, es la directora de la Asociación Maud Mannoni. Un ser extraordinario que luchó contra viento y marea para que esta particular familia triunfara.

Angeles Ruibal – «Volviendo al baúl de mis recuerdos, no puedo dejar atrás ese momento vivido allá por 1975 en Orihuela. Está en la provincia de Alicante, en el Levante español. Fuimos